Retirar y reciclar no es lo mismo que cumplir: tres confusiones frecuentes sobre circularidad automotriz

En circularidad automotriz, simplificar demasiado un proceso puede producir una falsa sensación de cierre. El retiro y reciclaje de un neumático fuera de uso son etapas visibles e importantes, pero no representan todo el recorrido que permite demostrar una gestión responsable. Para hablar de cumplimiento se necesita evidencia. Esa evidencia debe conectar las distintas etapas del proceso, identificar a sus responsables y permitir explicar qué ocurrió si se detecta una brecha. Estas son tres de las confusiones más frecuentes. Confusión 1: retirar un residuo equivale a cumplir El retiro desde un punto de generación registrado marca el inicio de una parte importante de la gestión, pero no demuestra por sí solo el resultado final. Una ruta trazable debe permitir seguir el proceso desde la solicitud de retiro hasta el reporte de gestión. Solicitud de retiro. Se registra la información que da inicio al proceso. Retiro. Los equipos coordinan el retiro de los neumáticos en el punto de generación. Transporte. Cada movimiento queda documentado hasta llegar a la planta de reciclaje. Valorización. El residuo ingresa a un proceso que permite transformarlo y reincorporarlo como recurso. Certificado. Se reúne evidencia de la gestión realizada. Reporte. La evidencia se convierte en información clara para demostrar el cumplimiento de toda la gestión. Si una de estas etapas no puede conectarse con las demás, resulta más difícil reconstruir el proceso y responder con certeza. Por eso, retirar y reciclar no es sinónimo de cumplir. Cumplir significa poder demostrar qué ocurrió durante todo el recorrido. Confusión 2: la trazabilidad termina cuando finaliza el transporte La trazabilidad no es solamente el registro de un traslado. Es una cadena de información que debe acompañar al residuo durante toda su gestión. El transporte documentado es fundamental, pero todavía quedan preguntas que responder: ¿dónde fue recibido?, ¿qué cantidad? ¿qué tratamiento tuvo?, ¿quién verificó el resultado?, ¿qué evidencia quedó disponible? El reporte es un componente importante de esa cadena, pero tampoco debe entenderse como documentos aislados. Su valor depende de la posibilidad de relacionarlos con la declaración, el retiro, el transporte y la valorización. Una trazabilidad sólida permite reconstruir el proceso completo, revisar la consistencia de la información y detectar oportunamente cualquier brecha. Confusión 3: el cumplimiento depende de un solo actor La circularidad es un trabajo colaborativo. Detrás de cada registro existen personas que coordinan, ejecutan, verifican y responden. Participan equipos que entregan información, realizan retiros, documentan transportes, desarrollan procesos de valorización y revisan los antecedentes generados. Para que esta colaboración funcione, cada dato debe tener una fuente, una fecha de corte, un responsable y un criterio de validación. En SIGA, el equipo de Operaciones, en conjunto con las áreas legal y de compliance validan el proceso. Esta distribución de responsabilidades fortalece la gobernanza y permite responder de manera ordenada ante una diferencia o una etapa incompleta. No se trata solamente de acumular documentos. Se trata de saber quién debe revisar, decidir, corregir y dejar registro. De la gestión de residuos a la certeza verificable Aclarar estas confusiones ayuda a mirar el cumplimiento desde tres dimensiones: Riesgo. ¿Podemos reconstruir el proceso completo? Gobernanza. ¿Sabemos quién valida cada información? Continuidad. ¿Podemos detectar y corregir una falla sin perder el control del proceso? Una mirada al futuro, sin adelantar capacidades Esta mirada también permite ampliar responsablemente la conversación sobre el futuro de la circularidad automotriz. Un vehículo contiene mucho más que neumáticos y la evolución regulatoria podría incorporar nuevos productos y desafíos. Prepararse para ese escenario no significa afirmar capacidades que todavía no están vigentes. Significa estudiar, planificar y desarrollar criterios que permitan acompañar la evolución del sector con rigor y transparencia. En SIGA creemos que la circularidad que importa es la que se puede demostrar. Por eso, cumplir no es solamente gestionar residuos: es responder por cada etapa, conservar la evidencia y convertirla en información comprensible.
El vehículo del futuro también será circular: Europa redefine su ciclo de vida

La transformación de la industria automotriz no se limita a la incorporación de nuevas tecnologías de propulsión, conectividad o seguridad. También está cambiando la manera de diseñar, fabricar, mantener y gestionar los vehículos cuando llegan al final de su vida útil. El 24 de julio de 2026, la Unión Europea publicó una nueva regulación sobre circularidad vehicular que aborda por primera vez, dentro de un mismo marco normativo, todas las etapas de la vida de un vehículo: desde su diseño y producción hasta la reutilización, remanufactura, reciclaje y recuperación de sus componentes y materiales. Aunque esta normativa se aplicará en Europa, representa una señal relevante para la industria automotriz mundial y para países como Chile, que avanzan en la implementación de modelos de responsabilidad extendida del productor y gestión sostenible de residuos. Diseñar pensando en todo el ciclo de vida La nueva regulación europea busca que los vehículos sean fabricados desde su origen para facilitar la extracción, sustitución y recuperación de piezas y componentes. Esto significa avanzar hacia diseños que permitan aprovechar mejor los materiales, favorecer la reparación y remanufactura de componentes, reducir la generación de residuos y recuperar recursos que pueden volver a incorporarse a procesos productivos. La normativa establece que, seis años después de su entrada en vigor, al menos el 15% del plástico utilizado en los nuevos vehículos deberá proceder del reciclaje. Esta proporción aumentará hasta el 25% dentro de un plazo de diez años. Además, una parte del material reciclado deberá provenir de vehículos que hayan finalizado su vida útil. Los fabricantes también asumirán responsabilidades financieras y organizacionales sobre el ciclo completo de los vehículos que ponen en el mercado, incluyendo su recepción y tratamiento al convertirse en residuos. Un pasaporte digital para mejorar la trazabilidad Otro de los elementos innovadores será la creación del Pasaporte Digital de Circularidad Vehicular. A partir de septiembre de 2032, los vehículos alcanzados por la normativa deberán contar con información digital sobre los materiales utilizados, la proporción de contenido reciclado, determinados componentes y el catálogo oficial de repuestos correspondiente a cada tipo de vehículo. Este instrumento permitirá disponer de información estructurada, actualizada y accesible para apoyar el trabajo de fabricantes, reparadores, gestores de residuos y plantas de tratamiento. La incorporación de datos durante todo el ciclo de vida representa un paso importante hacia una movilidad más inteligente. La tecnología no solo servirá para mejorar la experiencia de conducción, sino también para facilitar la reparación, recuperación y valorización de los componentes de un vehículo. Una tendencia que conecta con el trabajo de SIGA En Chile, la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, conocida como Ley REP, impulsa una transformación similar: quienes introducen productos prioritarios al mercado deben hacerse responsables de organizar y financiar la gestión de los residuos que estos generan. En este contexto, SIGA cumple un rol fundamental como sistema colectivo de gestión creado por empresas del sector automotor y de maquinarias. Su misión es contribuir a la correcta recolección, reutilización, reciclaje y valorización de los productos prioritarios presentes en vehículos livianos y medianos, camiones, buses, motocicletas y maquinarias. Con el respaldo de cerca del 50% de las marcas de motocicletas y vehículos livianos del país, trabajamos en el marco de la Ley REP para gestionar responsablemente la recolección y valorización de neumáticos fuera de uso.Esta representatividad y diversidad reflejan la confianza de la industria en nuestro modelo colaborativo y circular. La experiencia internacional demuestra que la economía circular automotriz requiere coordinación, infraestructura, trazabilidad e innovación. También exige la participación activa de productores, gestores, transportistas, valorizadores, autoridades y consumidores. De los residuos a nuevos recursos La movilidad sostenible no termina cuando un vehículo deja de circular. En ese momento comienza una nueva etapa, en la que sus componentes y materiales pueden ser recuperados y transformados en recursos para nuevos procesos productivos. La regulación europea muestra hacia dónde está avanzando el sector: vehículos diseñados para aprovechar mejor sus materiales, sistemas digitales que entregan mayor trazabilidad y productores que asumen un compromiso creciente durante todo el ciclo de vida de sus productos. En SIGA compartimos esa visión y trabajamos para que Chile continúe avanzando hacia una economía circular automotriz eficiente, transparente y con resultados ambientales verificables. Porque el futuro de la movilidad no depende solamente de cómo nos desplazamos, sino también de nuestra capacidad para gestionar responsablemente los recursos antes, durante y después de cada viaje. Fuente: